Mostrando entradas con la etiqueta agresividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta agresividad. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de junio de 2014

El perro y la correa

Conexión y Trasmisión

El post de esta semana queremos dedicarlo a, quizás, la herramienta más común y utilizada con nuestros perros junto al collar. La correa.
Pese a ser, como hemos dicho, uno de los instrumentos más comunes en nuestro día a día con los perros, muy a menudo el uso que hacemos de ella no es el correcto. La correa no es únicamente la herramienta por la cual tenemos controlados a nuestro perro y nos sirve para guiarle durante nuestros paseos. La correa también es un potente trasmisor de emociones, las nuestras, al perro.
Por ejemplo. ¿En cuántas ocasiones hemos presenciado a dos perros que a unos metros de distancia están enfrentados, tirando con todas sus fuerzas de la correa, y ladrándose uno a otro?. Esa tensión que hemos indicado, en muchos de estos casos, no hace más que potenciar su estado emocional, disfrazando este de agresividad. En esos casos, si desapareciese la tensión de la correa, desaparecería con ella la situación descrita.
Cuando tenemos un cachorro es esencial enseñarle a caminar correctamente con la correa. Pero este aprendizaje es mutuo, ya que también nosotros debemos aprender cómo usarla y portar la misma. Es básico que gestiones tu estado emocional apartando del mismo cualquier aspecto de tensión o inseguridad, porque estaremos trasmitiendo este al perro a través de la correa. Debes aprender a disfrutar de ese paseo, asiendo la correa con total naturalidad y relajación. Así que si eres de esas personas que enrolla su correa unas cuantas vueltas en la palma de la mano, y que convierte el movimiento natural de un brazo al caminar en uno artificial, este artículo podría ser de sumo interés para ti.
Para este post vamos a suponer que tu perro ya no tiene ningún problema para que se le coloque su collar y que sentir que está unido a nosotros a través de una correa no es ya ningún problema. Mientras tu perro no haya aceptado el uso del collar y la correa, estas herramientas serán artículos incómodos, restrictivos y no aceptados por él.
También vamos a suponer que usas la correa correcta, ligera, resistente, flexible y de 1 a 2 metros. Todas estas características serán consideradas según la raza y el peso de nuestro perro.
El primer objetivo debe ser aprender a relajar nuestros brazos, que la correa nunca vaya tensa y sí con una pequeña comba. De este modo evitaremos contagiar esa tensión al perro. Si hiciese falta pide que te graben en las dos situaciones. Una caminando con la correa en la mano sin perro y luego otra con él. Destierra cualquier pensamiento de ridículo al solicitar esa ayuda porque, como hemos dicho, es básico y esencial que sepas gestionar tu estado emocional en esos paseos. Comienza este entrenamiento en lugares donde estés completamente tranquilo con tu perro, ajeno a cualquier factor externo que usualmente te ponga en tensión como pudiesen ser zonas donde pueda encontrarse a otros perros.
El segundo de los pasos es aumentar nuestro nivel de observación, para poder anticiparnos situaciones tensas y/o desagradables. Todos los paseos deberías de gestionarlos como un momento para tu perro y para ti, dejando de lado en esos instantes cualquier otra distracción, como el móvil por ejemplo. Sin embargo en esta fase sí que es esencial que así sea para que tu capacidad de observación no se vea minimizada por cualquier otro factor. También en esta fase debemos observar que la correa sigue del mismo modo que estuvimos practicando el el paso anterior. Esto es, sin ningún tipo de tensión en ella.
Si normalmente tu perro se excita cuando se cruza durante su paseo con personas y/o perros, debemos ser capaces de anticiparnos a esas situaciones y evitarlas, estableciendo una distancia de seguridad, para conseguir que durante todo el paseo su estado emocional sea el óptimo y recomendado. Poco a poco podremos ir recortando distancias a esas situaciones que activan a nuestro perro. Los motivos por esa excitación pueden ser diversos, pero lo importante ahora es evitar ese tipo de confrontaciones.
Si durante este entrenamiento comienzas a sentir su tensión al presenciar un perro y/o una persona, nunca tires hacia atrás de la correa o mantengas esta tensa, porque su estado de actividad aumentará. En esta situación es importantísimo que mantengas la calma y alejes, de forma tranquila, al perro de aquello que provocó su reacción. Cada vez que obtengamos esa respuesta, volveremos al paso anterior y repetiremos el mismo tantas veces como sea necesaria.
El tercer paso es conseguir un excelente vínculo, en la calle, con nuestro perro. El perro, normalmente, tira de la correa porque quiere explorar y reconocer su entorno. Eso le motiva mucho más que estar junto a nosotros. Tenemos que conseguir que el perro desee estar a nuestro lado. Si no lo leíste antes, te dejo este ENLACE donde hablamos sobre el vínculo del perro con su guía.
Todos estos ejercicios son progresivos, y no finalizarán ni en un día ni en dos, por lo que la paciencia y la constancia deben convertirse, en estos casos, en compañeras de vuestros paseos.

lunes, 28 de abril de 2014

¿Agresividad Canina = Dominancia?

"Dominemos" antes algunos conceptos

Hoy en día, donde números programas de televisión ha creado a simples espectadores en supuestos etólogos, adiestradores y/o educadores caninos, los términos repetidos hasta la saciedad en los mismos se han instalado en cualquier conversación cotidiana entre propietarios caninos. Y lo peor de todo es que a veces, incluso las técnicas y las acciones que se realizan con los perros del show se imitan en cualquier sitio y momento.
Hoy queremos hablar de dos de esos vocablos, la agresividad y la dominancia.
Agresividad canina y dominancia - Urancán
Aunque últimamente hay determinados focos del sector canino que niegan la existencia de dominancia perros, nosotros (basándonos en nuestras experiencias y contactos con numerosos perros de todas las edades) seguimos pensando que ha existido, existe y existirá, como en cualquier animal que nace y se relaciona en manada. No obstante, sí que conviene matizar un poco más su significado y su existencia en el mundo canino.
La dominancia, como tal, no creemos que deba considerarse como una característica intrínseca a un determinado individuo, en este caso perro, como puedan ser otras, genéticas o desarrolladas. Sí que podemos hablar de perros con tendencia (predisposición) a tener una actitud dominante en el entorno que le rodea. Pero esto se relativiza mucho porque toda relación dependerá de más de un individuo. Y en cada una de estas puede aparecer un nuevo invitado que asuma ese papel. Por ejemplo, un perro con un comportamiento dominante sobre otro que convive con él, puede actuar de modo sumiso cuando juega en un parque con otro distinto que actúa como tal.
Agresividad canina y dominancia - UrancánEs muy frecuente hablar de dominancia ante cualquier episodio de agresividad en un perro, y en un porcentaje elevadísimo se está haciendo de forma equivocada. Dominancia no es sinónimo de agresividad, y viceversa.
Por regla general, el perro dominante de un determinado grupo es un perro tranquilo, observador y seguro, que no hace uso de la agresividad de forma arbitraria. Suele aparecer cuando él interpreta la acción de un individuo (perro y/o persona) un desafío a su rango.
Un gran porcentaje de casos de agresividad canina, no son más que la causa de una inexistente o defectuosa sociabilización de los mismos. La sociabilización de un perro, cuando es cachorro, es un proceso básico para el posterior desarrollo del mismo. Un perro con ese déficit desconoce cómo debe relacionarse y comportarse, con otros perros, con las personas, en su medio o entorno. La carencia de una correcta sociabilización en el perro, en un porcentaje altísimo, desarrolla inseguridad en el mismo. Es esa inseguridad la que muchas veces desemboca en sucesos de agresividad canina.
La agresión canina es consecuencia de múltiples posibles factores, y deriva en una conducta amenazante y peligrosa del animal a algún/os otro/s miembro/s de su entorno.
La agresividad, derivada por el factor que sea, es una conducta que debe tratarse por personal cualificado. Aunque sea un comportamiento usual entre los miembros de una manada para regular vínculos, significa un grave problema para la convivencia del perro con las personas y su relación con el entorno.
En una primera clasificación, podemos enumerar dos tipos de agresividad en el perro. La Agresividad con causa física, que es aquella que es ocasionada por dolor o enfermedad, y la Agresividad sin causa física, que es toda aquella donde no hay un motivo físico, mencionados anteriormente. Entre estas últimas, se puede realizar una nueva clasificación según su origen.
Agresividad por Dominancia: Aparece cuando el perro dominante de un grupo siente el desafío de otro miembro a su posición y control. Diversas situaciones, con otros perros y con personas, pueden transmitir al perro ese desafío y ocasionar una reacción agresiva en este.
Agresividad por Miedo: Es la respuesta a un estímulo amenazante para el perro. Aunque la amenaza no sea real e intencionada, el perro sí que la considera como tal. Si ante esta el perro no consigue canalizar su miedo y evitar el estímulo, se puede desarrollar una respuesta agresiva sobre el portador de la amenaza. El miedo puede ser genético o desarrollado. Las razones de un desarrollo del miedo podrían ser el aprendizaje de respuestas de una madre miedosa, la nula o incorrecta socibilización, o la respuesta a injustos castigos.
Agresividad por Territorialidad: Este tipo de agresividad aparece ante la presencia de una persona o animal, que no es miembro de su manada, en su territorio. También es común observarla cuando alguien ajeno se acerca a algún miembro de su familia.
Se podrían enumerar alguna otra causa más, pero porcentualmente estamos ante los mayores motivos de agresividad canina.
Por el amplio abanico de orígenes de una agresión, hablar de un método o terapia tipo para acabar la agresividad en los perros es imposible. Se debe realizar un exhaustivo análisis por medio de especialistas, como ya mencionamos con anterioridad, para descubrir las causas de todo comportamiento agresivo. Una vez seguros de haber dado con la misma, aplicar la terapia específica y personalizada para cada perro.
Estos especialistas, debido a la primera clasificación de causas de las agresiones (físicas y no físicas), serán los veterinarios y educadores/etólogos caninos.
Pero debes tener claro algo muy importante. Toda agresividad puede corregirse.